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El feminismo desde mi punto de vista

El feminismo desde mi punto de vista

Siempre me gusta conocer acerca de los antecedentes históricos de los temas antes de hacer mi reflexión personal, porque quien no conoce la historia no sólo está condenado a repetir las peores partes, sino que ignora el significado subyacente de lo que conmemora, y por tanto puede estarse formando una opinión errónea al respecto.

¿Por qué el 8 de Marzo?

El 8 de marzo de 1910 la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas se reunió en Dinamarca para reivindicar los derechos de la mujer y exigir el sufragio universal,  en dicha conferencia, y por propuesta de la alemana Clara Zetkin,  se decidió declarar ese día como Día Internacional de La Mujer.

En España, ese mismo día se produce una muy grata coincidencia, ya que es el día en el que se aprueba un Real Decreto en el que establece el acceso a la educación universitaria en igualdad de condiciones para hombres y mujeres1. Luego, en 1936, se celebraría el primer Día Internacional de La Mujer en el país.

Tras diversas conmemoraciones del Día de la Mujer en distintas latitudes, aún en situaciones críticas como I y II Guerra Mundial, la ONU declaró el año 1975 como Año Internacional de la Mujer, y a partir de 1977 instó a sus países miembros a conmemorar localmente un día como Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional.

En 2011, la ONU conforma ONU Mujeres, una entidad para impulsar la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer, en coincidencia con los 100 años de la primera celebración del Día de la Mujer, tras su declaración en la Conferencia de 1910.

¿Y el color morado?

Hay múltiples interpretaciones de por qué este color, incluso hay una leyenda que afirma que obedece al color de la columna de humo que se desprendió del incendio donde 129 mujeres perecieron tras ser encerradas por llamar a huelga, ya que estaban trabajando en camisetas con tela de ese color al momento de producirse.

Pese a lo lamentable del suceso, resulta un poco inverosímil, por lo que prefiero la interpretación de que proviene de la fusión del rojo y el azul, colores habitualmente asociados a mujeres y hombres respectivamente, y en alusión a la no distinción producto de unirlos.

¿Por qué tiene sentido seguir alzando la voz por los derechos de las mujeres?

Y es que pese a los avances de los que hemos sido testigos desde que comenzara la lucha por la igualdad, aún quedan algunos temas que merecen atención.

Quien me conoce sabe que valoro más la preparación y la aptitud de una persona para desempeñar un trabajo que su género o condición sexual, y es que creo firmemente que ser feminista no va simplemente de definir con números cerrados la cantidad de mujeres que deberían ocupar un cargo, ya que esto podría generar el efecto contrario, porque se contraten a mujeres con menos capacidades o preparación por el simple hecho de cumplir con el número,  y con esto se caiga en lo mismo que se critica.

Ahora bien, el número que sí me parece que debe llamar a la reflexión es el que indica que las mujeres ganan un 23% menos que los hombres según la ONU, aunque en mi afán de escudriñar sobre la estadística, me he tropezado con que es una media general que no obedece a lo que gana un hombre en comparación con una mujer desempeñando el mismo cargo, sino que obedece al menor acceso de la mujer al ámbito laboral, el mayor desempeño por parte de la misma a labores no remuneradas, entre otros. Y es que entonces el problema va más allá de igualar los salarios a hombres y mujeres en los mismos cargos, y desentraña un problema mayor, que las mujeres no se encuentran en igualdad de condiciones para acceder a una situación donde se le remunere igual que el hombre.

En España las cifras son variopintas, según datos del OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico) la brecha salarial es del 11,5%;  pero del 24% si se consulta el informe más reciente de la UGT2.  Sin embargo, un estudio de Técnicos de Hacienda (Gestha)3 indica que de acuerdo a los datos fiscales de 2016 las mujeres perciben un 30% menos que los hombres, lo que hace que a su vez su jubilación sea más precaria.

No podemos olvidar tampoco la violencia de género, que año a año cobra la vida de mujeres de la forma más vil. Pero en este punto también quiero hacer la reflexión de que como buena feminista que procura la igualdad, no podemos tampoco mirar hacia otro lado ante los maltratos contra el hombre, y repudio por ejemplo de igual forma el ataque que ha recibido el documental Silenciados por grupos mal llamados feministas.

No creo que todo esto se corrija tampoco utilizando palabras no existentes en el idioma castellano, o de ignorar el artículo neutro para corregir el comportamiento de la sociedad a través del lenguaje, mejor dicho, del desconocimiento del mismo.

En países un poco más desarrollados como el nuestro, y con un cierto nivel de derechos básicos cubiertos, creo firmemente que todo el tema va de que las mujeres concienticen que tienen el poder de cambiar sus destinos por ellas mismas, de pensar en su vida profesional, conciliando su vida personal en igualdad de condiciones con su pareja, y en creer que no necesitan demostrar nada más allá de lo normal para exigir mejores condiciones.  Me aplico el cuento.

Más allá de España

Finalmente,  como no todo es España, más allá de lo que nos atañe y tenemos que procurar resolver, hay que también pensar en todas las mujeres en el mundo que no cuentan aún ni con los derechos más básicos, y para ello me remito a la siguiente infografía de la ONU que resumen muy bien todos los problemas que a nivel mundial enfrentan las mujeres: familias no planificadas, mutilación genital, matrimonio precoz, falta de acceso a la educación, leyes de herencia no igualitarias, derecho a una nacionalidad.

Infografía derechos humanos de la mujer de la ONU 

 

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